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Llamamiento urgente de las revistas internacionales de salud a los líderes mundiales para que frenen el aumento de la temperatura global

  • 220 publicaciones de todo el mundo se unen para advertir de los riesgos para la salud de un crecimiento de la temperatura de 1,5 °C
  • “A pesar de la necesaria preocupación del mundo por el covid-19, no podemos esperar a que pase la pandemia para reducir rápidamente las emisiones”, advierten
  • Piden un mayor esfuerzo a los países de altos ingresos para apoyar al resto del mundo y reducir su propio consumo

Se agota el tiempo. En una iniciativa editorial sin precedentes, algunas de las revistas internacionales de salud más importantes, entre las que se encuentran The Lancet, The New England Journal of Medicine, The British Medical Journal y la española Gaceta Sanitaria, realizan hoy un llamamiento a los líderes mundiales para que tomen medidas de emergencia para transformar las sociedades y acotar el cambio climático. Lo hacen a través de un editorial conjunto que se publica en 220 revistas justo antes de la Asamblea General de la ONU, una de las últimas reuniones internacionales que tendrá lugar antes de la conferencia sobre el cambio climático (COP26) que tendrá lugar en noviembre en Glasgow (Reino Unido).

“Antes de estas reuniones cruciales, nosotros -los editores y editoras de las revistas de salud de todo el mundo- hacemos un llamamiento a la acción urgente para mantener el aumento medio de la temperatura mundial por debajo de 1,5 °C, detener la destrucción de la naturaleza y proteger la salud”, afirman los responsables de estas publicaciones científicas al inicio del editorial.

La ciencia es inequívoca: un aumento global de 1,5°C por encima de la media pre-industrial y la pérdida continuada de biodiversidad suponen un riesgo de daño catastrófico para la salud que será imposible de revertir. “A pesar de la necesaria preocupación del mundo por el covid-19, no podemos esperar a que pase la pandemia para reducir rápidamente las emisiones”, advierte el editorial.

En los últimos 20 años, la mortalidad relacionada con el calor entre las personas mayores de 65 años ha aumentado en más de un 50%. El aumento de las temperaturas ha traído consigo un incremento de la deshidratación y de la pérdida de la función renal, de las neoplasias dermatológicas, de las infecciones tropicales, de los resultados adversos para la salud mental, de las complicaciones en el embarazo, de las alergias y de la morbilidad y la mortalidad cardiovascular y pulmonar. Los daños afectan de forma desproporcionada a los más vulnerables, incluidos los niños y niñas, las poblaciones de mayor edad, las minorías étnicas, las comunidades más pobres y las personas con problemas de salud subyacentes.

“Los aumentos por encima de 1,5°C aumentan la posibilidad de alcanzar puntos de inflexión en los sistemas naturales que podrían encerrar al mundo en un estado de inestabilidad aguda. Esto perjudicaría gravemente nuestra capacidad para mitigar los daños y para evitar un cambio ambiental catastrófico y descontrolado”, alertan los profesionales de la salud en este editorial conjunto de las revistas internacionales de salud.

Ante esta evidencia científica, el editorial avisa de que los objetivos recientes para reducir las emisiones y conservar la naturaleza no son suficientes y aún deben combinarse con planes verosímiles a corto y largo plazo. Insta a los Gobiernos a intervenir para transformar las sociedades y las economías, por ejemplo, respaldando el rediseño de los sistemas de transporte, las ciudades, la producción y la distribución de alimentos, los mercados para inversiones financieras y los sistemas de salud.

Dichas inversiones producirán enormes beneficios positivos, incluidos la creación de empleos de alta calidad, la reducción de la contaminación ambiental, el aumento de la actividad física, y la mejora de las viviendas y la nutrición. Una mejor calidad del aire por sí sola, argumentan, generaría beneficios para la salud que compensarían fácilmente los costos mundiales de la reducción de las emisiones. Estas medidas también mejorarán los determinantes sociales y económicos de la salud, cuyo deficiente estado puede haber dejado a las poblaciones en mayor vulnerabilidad a la pandemia de COVID-19.

El editorial sostiene que solo se puede lograr una acción mundial suficiente si los países de altos ingresos hacen mucho más para apoyar al resto del mundo y para reducir su propio consumo. Los países desarrollados deben comprometerse a aumentar la financiación en materia climática: cumplir con su compromiso pendiente de proporcionar USD 100,000 millones al año, y tener un doble enfoque en la mitigación y la adaptación, lo que incluye mejorar la resiliencia de los sistemas de salud. Fundamentalmente, el editorial sostiene que este dinero debe proporcionarse en forma de subvenciones, en lugar de préstamos, acompañado de la condonación de grandes deudas, que limitan la actuación de tantos países de bajos ingresos. Se debe reunir financiación adicional para compensar las pérdidas y los daños inevitables causados por las consecuencias de la crisis ambiental.

El reciente informe del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático) muestra que, hasta que el mundo no alcance cero emisiones netas de gases de efecto invernadero, el planeta seguirá calentándose. Ya estamos viendo estas repercusiones a nivel mundial y ya sabemos que las consecuencias de la crisis ambiental recaen de manera desproporcionada en aquellos países y comunidades que menos han contribuido al problema.

«Si bien los países de ingresos bajos y medianos históricamente han contribuido menos al cambio climático, soportan una carga desmesurada de los efectos adversos, lo que incluye la salud. Por tal motivo, pedimos contribuciones equitativas por medio de las cuales los países más ricos del mundo hagan más para compensar el impacto que provocan sus acciones en el clima, a partir de ahora y con continuidad en el futuro», pide el profesor Lukoye Atwoli, editor en jefe de East Africa Medical Journal y uno de los coautores del editorial.

“Como profesionales médicos y de salud pública, tenemos la obligación no solo de anticiparnos a las nuevas necesidades de atención médica, sino también de ser participantes activos para limitar las causas de la crisis climática», afirma Eric J. Rubin, editor en jefe de The New England Journal of Medicine. Para su colega Fiona Godlee, editora en jefe de The British Medical Journal, “Las naciones más ricas deben actuar más rápido y hacer más para ayudar a los países que ya sufren temperaturas más altas. 2021 tiene que ser el año en el que el mundo cambie de rumbo, nuestra salud depende de ello».

Más información:
https://drive.google.com/drive/folders/1jdt-dDyGmU8xWkgN1kP8JyVmTBf3bXYB

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